Los miembros de la familia Gorostieta son velados en la explanada de la comunidad; cinco ataúdes muestran una escena casi poco común o no vista anteriormente al menos en esta zona.
Los miembros de la familia Gorostieta son velados en la explanada de la comunidad; cinco ataúdes muestran una escena casi poco común o no vista anteriormente al menos en esta zona.
El día gris hace aún más triste la escena que se observa en la plaza del pueblo, donde la familia Gorostieta vela los cuerpos de cinco de sus integrantes, colocados frente a un medio centenar de sillas, los fríos ataúdes de metal en cuyo interior yacen los cuerpos de Don Teódulo, sus tres hijos y su hermano, se encuentran dispuestos a recibir una larga ceremonia fúnebre. Casi sin asistentes.
En un servicio fúnebre con los ataúdes cerrados, las coronas sobre ellas y las veladoras a sus pies, las sillas permanecen semivacías, pues la gente teme algún tipo de represalia, algunos se sientan “de lejos” y observan con tristeza, platican entre ellos, pero los principales asientos permanecen vacíos, a excepción de la esposa de Don Teódulo, quien abraza al dolor y se apoya de sus demás familiares.
Al acercarse este medio de comunicación al velorio, el primer contacto es con uno de los hijos de Don Teódulo, quien amable escucha al reportero que le pide permiso para tomar unas imágenes; el joven de unos 25 años de edad, amable contesta:
-No lo creo, hace rato vinieron unos reporteros y les pidieron que no tomaran video, ni fotografías… pero, miren, le pregunto a mi hermana, ella es la que recibió las instrucciones…
El joven se aleja y habla con una persona que se encuentra frente a una mesa donde se observa que preparan aguas frescas y quizá café para ofrecer a quienes llegan a acompañarlos en tan difícil trance. Ella voltea a ver con rostro serio a los reporteros y, repetidamente, niega con la cabeza.
El hijo de Don Teódulo, un joven alto de tez blanca, regresa con quienes le hicieron la solicitud.
-No, me dicen que no, que les piden que por favor no tomen fotos, que las esposas de los finados no quieren. Yo los comprendo, pero la verdad disculpen, pero ellas no quieren, y hay que respetar.
Se le agradece el intento y reiterando que se lamenta la situación que enfrentan, los reporteros se retiran y optan por observar para describir a sus lectores la triste situación que se respira mientras se realiza el funeral.
A unos cuantos metros una patrulla de la Policía Municipal aguarda, vela junto a la familia para dar ‘algo’ de seguridad mientras los dolientes pasan algunos momentos junto a sus seres queridos para luego darles el último adiós este miércoles junto a la petición de justicia para ellos.
Cabe mencionar que solamente nueve cuerpos son velados en la congregación del Cerro de Nanchital, pues tres más son velados en los ejidos de Libertad y Progreso, hasta donde fueron trasladados por sus deudos.
Mientras tanto, como si no ocurriese nada, tratando de aparentar, de esconder la tristeza, el miedo, la gente del Cerro de Nanchital, desarrolla sus actividades tratando de olvidar que hace apenas dos días se llevó a cabo una masacre que cimbró al sur de Veracruz y que se convirtió en noticia nacional.
La población se mantiene al margen de las actividades de las corporaciones como la Secretaría de Seguridad Pública del Estado y Ejército, quienes se instalan en escuelas desocupadas a causa del COVID-19 y otros espacios para realizar incursiones a los distintos poblados por órdenes del ejecutivo del estado, Cuitláhuac García Jiménez.