Testigos refieren que el convoy estaba compuesto por entre ocho y diez camionetas, tripuladas por hombres con armas largas, cortas y encapuchados. Primero levantaron al joven Valentín Gorostieta y después sobrevino la emboscada a los otros 11.
Testigos refieren que el convoy estaba compuesto por entre ocho y diez camionetas, tripuladas por hombres con armas largas, cortas y encapuchados. Primero levantaron al joven Valentín Gorostieta y después sobrevino la emboscada a los otros 11.
Eran las cuatro y media de la tarde del domingo 17 de enero, y un convoy de entre ocho y diez camionetas con unos 40 hombres armados y encapuchados se desplazaba por las inmediaciones de la localidad Cerro de Nanchital, ante la mirada de todos, como acostumbran hacerlo ante la falta de seguridad policial o militar.
En la comunidad vecina, Francisco Villa, del lado de Minatitlán, había un partido de futbol y en una orilla del campo, sobre la batea de una camioneta Ford, color verde, doble cabina, cinco personas; cuatro hombres y una mujer, la hacían de espectadores, con unos vasos de cerveza en sus manos, hasta ahí, todo era alegría.
Los demás asistentes al partido también estaban en su algarabía, en los alrededores del campo deportivo.
De acuerdo con testigos, cuyas declaraciones ministeriales ya obran en la carpeta de investigación UIPJ/DXXI/CHOA/F2/043/2021 de la Fiscalía General del Estado (FGE), los emisarios de la muerte llegaron a la localidad Francisco Villa y entre las camionetas que tripulaban estaba una Nissan, color roja, de batea, doble cabina y otras dos similares en color blanca y negro, así como tres camionetas de redilas.
Todas se pararon en contra esquina de una iglesia católica y los encapuchados observaron hacia el campo de futbol, cuando localizaron con la mirada a su objetivo se acercaron a la cancha en sus vehículos, se bajaron con sus armas largas y se desplegaron.
Del total de hombres armados, cuatro sujetos rodearon la camioneta donde se encontraba el joven Valentín Gorostieta Hernández con sus demás amigos. Un individuo de complexión robusta, de tez clara y ojos verdes, se acercó a Valentín y antes de que éste pidiera apoyo por frecuencia de radio le fue arrebatado el aparato.

“¡Tira tu cerveza y súbete a la batea de la camioneta!”, le ordenó el robusto autodefensa al joven de 32 años de edad. Contra su voluntad obedeció y una vez tirado en el piso, le cayó sobre su cuerpo un pie que lo aprisionó por la espalda.
En ese momento, ante la mirada de jugadores y espectadores del encuentro de fútbol, el convoy se retira llevándose a Valentín, quien a pesar de que pidió auxilio nadie se atrevió a hacer algo, pues tuvieron el temor de que también los levantaran.
Los testigos en ese momento dieron parte a Don Teódulo Gorostieta Domínguez, líder del grupo de autodefensas del Cerro de Nanchital, desde julio de 2020, comunicándole que se habían llevado a su hijo privado de la libertad. Algunos de los partícipes del “levantón” fueron identificados, pese a traer cubierto el rostro, ya que son gente de la misma comunidad y ejidos aledaños.
Teódulo Gorostieta, de 57 años de edad, en ese momento regresaba de una asamblea en el ejido Río Playa Samaria, y lo acompañaban sus otros dos hijos: Mauro y Fernando Gorostieta, de 28 y 30 años, respectivamente, así como su hermano mayor Ramiro Gorostieta Domínguez, de 59 años e Isidro García Morales, de 46 años, quien era el Agente Municipal de la congregación Cerro de Nanchital.
También formaban parte de su comitiva Bartolo Domínguez Isidro, de 30 años; Alfredo Jaime Barrusqueta, de 56 años; Miguel Barrales Rodríguez, de 51; Luis Hernández Hernández, Régulo López Domínguez y Santiago Rodríguez Juárez. 11 hombres en total.
Ante el aviso de que se habían llevado a Valentín Gorostieta Hernández, sus familiares y demás conocidos emprendieron su búsqueda hacia la comunidad Ignacio Zaragoza, conocido como Tronconada, basados a que testigos los vieron circular hacia esa región.
Alrededor de las siete de la noche, cuando Don Teódulo Gorostieta y los otros diez hombres se desplazaban hacia Tronconada en busca de su hijo, al llegar al lugar conocido como Emiliano Zapata Misantla, ya los esperaba el grupo armado de los autodefensas y es ahí donde los emboscan, los desarman, golpean y los amarran de pies, manos y les cubren el rostro.
Una vez que sometieron a los 11 hombres más al joven Valentín Gorostieta, que ya lo tenían cautivo, se los llevaron con rumbo al camino Alto Uxpanapa-Nueva Tabasqueña, y a dos kilómetros de la carretera Las Choapas-Cerro de Nanchital, los bajaron, los tiraron al piso y los acribillaron a balazos a todos.
En el expediente de investigación aparecen los nombres de varias personas que fueron identificadas a pesar de traer el rostro cubierto con pasamontañas o con cubrebocas y gorras. Entre los involucrados se menciona a “Don Amador” y “Elpidio”.
Esa noche del 17 de enero, los pobladores del Cerro de Nanchital y poblados circunvecinos comenzaron a reportar detonaciones de arma de fuego y creyeron que se trataba de un enfrentamiento, por lo que a las ocho de la noche, todos los comercios, incluyendo cantinas, bajaron sus cortinas y se resguardaron, convirtiéndose en un pueblo fantasma, cuentan los mismos habitantes de esa localidad.
Más tarde, entre ocho y media y nueve de la noche, a través de las redes sociales, comenzaron a circular fotografías de los 12 cadáveres. Sus familiares reconocen que por la vestimenta y a otros porque se les observaba el rostro, fue como identificaron a sus seres queridos, quienes horas antes de salir de casa manifestaron que iban a una asamblea de trabajo, unos dijeron que al ejido El Desengaño y otros que a Playa Santa.