Sin patrullajes de ninguna corporación, los habitantes se sienten desprotegidos, la matanza de 12 personas cimbró a la congregación y en muchos el temor aún no pasa.
Sin patrullajes de ninguna corporación, los habitantes se sienten desprotegidos, la matanza de 12 personas cimbró a la congregación y en muchos el temor aún no pasa.
Pobladores de la congregación Cerro de Nanchital, aseguran que después de la masacre ocurrida el pasado 17 de enero (un mes atrás exactamente), no todo volvió a la normalidad; hay familias que han emigrado, otros han puesto en venta sus parcelas y los ‘domingos de compras’ son distintos: la gente llega más temprano y se va lo más pronto posible a sus poblados.
El miedo persiste, “porque todavía ahí andan varios de esas gentes”, se limitan a decir ciudadanos procedentes del Cerro de Nanchital, quienes este miércoles llegaron al palacio municipal a realizar algunos trámites en departamentos como Registro Civil y Ganadería.
Sus dichos coinciden con informes del personal de la Fiscalía General del Estado, en el sentido de que en algunas diligencias realizadas en poblados como El Mulato, Tronconada y Cerro de Nanchital, han detectado ausencia de familias, quienes después de lo ocurrido, decidieron salirse de esas localidades.

Fue el 17 de enero de este 2021, cuando cambió el estilo de vida en el Cerro de Nanchital y sobre todo para decenas de familias que se vieron inmersas en lo sucedido de forma directa o indirecta, pues mientras algunas perdieron a un ser querido, otros tienen hermanos, padres o abuelos internados en el penal regional Duport Ostión y otro puñado más andan prófugos de la justicia.
Maestros y transportistas que llegan al Cerro de Nanchital constantemente, consultados este miércoles por PRESENCIA Sureste, respecto al panorama en dicha comunidad, coinciden en que los pobladores se sienten inseguros, toda vez que de aquel batallón de 300 policías y militares tras la masacre, no hay uno solo, prácticamente están en el desamparo.
Los domingos cuando acostumbraba la gente de las diversas comunidades a concentrarse en el Cerro de Nanchital, hasta la tarde, ya no son igual, ahora llegan lo más temprano que pueden, hacen sus compras y se retiran, mientras que las cantinas lucen semivacías, ya no se abarrotan como antes, el miedo quedó inmerso en la población.
Este miércoles 17 de febrero, se cumplió un mes de la matanza ocurrida en el camino de terracería El Amate-La Tabasqueña, en el que 12 personas perdieron la vida, al ser prácticamente fusilados por un grupo armado, de los cuales sólo se aprehendieron a tres como presuntos responsables, pero otros nueve están prófugos de la justicia, de acuerdo con declaraciones de la fiscal titular del estado, Verónica Hernández Giadáns.
Las otras 11 personas que están recluidas en el Cereso, no están por el delito de homicidio calificados, ellos fueron detenidos por supuesto ultraje a la autoridad y posesión ilegal de armas, aunque sus propias familias y abogados defensores han señalado que no cometieron tales delitos, porque se les detuvo dentro de sus hogares y las armas les fueron “sembradas”.
ANTECEDENTES
Este medio informativo desde el 14 de diciembre de 2020, casi un mes antes de que ocurriera la matanza, dio a conocer que ya había amenazas de por medio en el Cerro de Nanchital.
Incluso, indagatorias oficiales de la Fiscalía General del Estado (FGE), revelaron en el 2019 y 2020, que cuando menos el 50 por ciento de las familias de las víctimas que murieron a manos de “encapuchados” en esa región, abandonaron el municipio por temor y amenazas.
Hubo quienes advirtieron una desgracia. El profesor Juan Diego Ayala Ortiz, presidente de la “Asociación Ganadera Local Las Choapas”, expuso “estamos expuestos a esa gran inseguridad y no sabemos de ninguna investigación seria de parte de las autoridades ministeriales, mucho menos de una detención o castigo para quienes están cometiendo estos crímenes; esa región se ha convertido en una tierra de nadie”.
Por su parte, el regidor tercero a cargo de la comisión de Seguridad Pública, Rodolfo Sánchez Soto, lamentó que las personas se estén acostumbrando a este tipo de situaciones de violencia, y admitió que hasta por emitir opiniones a veces se arriesga la vida.
“Tenemos un área rural grandísima, del área de Hidalgotitlán, la zona del Valle de Uxpanapa, Minatitlán y parte del municipio de Las Choapas, una gran extensión que está sin vigilancia, usted puede recorrer varios kilómetros a la redonda y no va a encontrar un policía, mucho menos a la Guardia Nacional o Estatal”, dijo el edil. Un mes después, sobrevino la masacre que cambió el panorama en el Cerro de Nanchital.