Las Choapas, Ver.

KREM-1: Campesinos piden auxilio a científicos; denuncian que el desastre sigue fuera de control

A más de 100 días de la explosión, la contaminación imparable; exigen estudios independientes que revelen la verdadera dimensión de la contingencia.
17/06/2026 05:21 p.m.
Roberto Morales
Presencia.MX

Más de cien días después de la explosión del pozo KREM-1, las comunidades asentadas alrededor del sitio de la emergencia petrolera siguen respirando incertidumbre, olores penetrantes y miedo. Mientras las autoridades insisten en que la situación está bajo control, campesinos del ejido Nacimiento lanzaron un llamado urgente a universidades, investigadores y especialistas independientes para que acudan a la zona y documenten lo que, aseguran, está ocurriendo ante sus ojos.

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“A mí me gustaría que gente especializada en este tema pudiera llegar al punto, directamente donde nosotros nos encontramos. No nada más Nacimiento, somos muchas comunidades. El humo se va a kilómetros, el olor también, y eso lo estamos respirando a diario”, expresó Cruz Manueles, representante comunitario del ejido Nacimiento, durante una entrevista en las oficinas de PRESENCIA SURESTE.

 

Su comunidad se ubica a apenas tres kilómetros del pozo fuera de control. Ahí, asegura, las noches siguen siendo inquietantes.


“Si las personas pudieran llegar y pasar una noche en el lugar, se darían cuenta de los estruendos, del olor, del sonido, de todo. Y eso lleva más de cien días”, afirmó.

 

Pero el mayor temor no es el ruido ni siquiera el fuego. Es lo que no se ve.


Manueles relató que en los últimos días una niña de entre tres y cuatro años de edad, nieta del comisariado ejidal, tuvo que ser trasladada a la ciudad de Las Choapas por problemas respiratorios.

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“Tenía mucha tos, mucha gripa, dificultades para respirar. Lo que siempre hemos manifestado. Eso nos hace pensar no en el presente, sino en el futuro. ¿Qué puede pasar más adelante?”, cuestionó.

 

El dirigente comunitario sostiene que la asistencia médica enviada por Petróleos Mexicanos no ha sido suficiente ni genera confianza entre los habitantes.


“Cada persona ya tiene un médico de confianza. Muchos preferimos ir con médicos particulares porque a veces ni siquiera nos dan una receta o el medicamento que necesitamos”, señaló.

 

Las preocupaciones no se limitan a la salud humana. Los campesinos afirman que el deterioro ya es visible en cultivos, pastizales y cuerpos de agua.


“El pasto se ha empezado a secar. Los alambres han cambiado. Nosotros conocemos nuestras parcelas y sabemos que algo está pasando”, explicó.


También aseguró que las plantas cultivadas dentro del programa Sembrando Vida han dejado de desarrollarse.


“Tenemos un vivero donde sembramos chile habanero y otras especies. Hoy casi todo se ha muerto. Han cambiado las condiciones y eso quiere decir que lo que viene con la lluvia es malo”, dijo.

 

El panorama se agrava con los testimonios sobre mortandad de peces y contaminación en represas particulares.


“Hoy agarras una mojarra, la limpias y huele a petróleo. Y no está en el arroyo, está en las represas de las parcelas de nuestros compañeros. Eso nos quiere dar a entender que vamos para mal”, sostuvo.

 

A pesar de ello, lamentó que desde el gobierno federal y Pemex se siga insistiendo en que la emergencia está controlada.


“Nos da tristeza porque las cosas que estamos viviendo nosotros y lo que dicen las autoridades son muy diferentes. Es como si no interesáramos, como si fuéramos un cero a la izquierda”, expresó.

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Para Manueles, la única manera de conocer la verdadera dimensión del desastre es mediante estudios independientes.


“Nosotros queríamos que alguien ajeno a Pemex verificara realmente qué está pasando, porque muchas veces el trabajador no le va a tirar a su patrón. No puede ser juez y parte”, afirmó.


El llamado, insistió, es para la comunidad científica, universidades y especialistas ambientales.


“Que nos representen, porque como vamos, cada día el barco se nos hunde más”.


KREM-1 dejó de ser hace tiempo un accidente industrial. Se ha convertido en una prueba incómoda para las autoridades ambientales y sanitarias del país.


Porque mientras los comunicados oficiales hablan de control y remediación, en las comunidades cercanas al pozo los niños siguen enfermando y los campesinos desconfían hasta del agua que beben, sin saber que consecuencias tendrá dentro de cinco, diez o veinte años, respirar, durante más de cien días, la contaminación de un pozo petrolero fuera de control.