Las Choapas, Ver.

Bajo la sombra del KREM-1: los huesos que cuentan la otra tragedia

Hace cuatro meses este paisaje estaba lleno de vida. Hoy quedan potreros secos, árboles sin hojas y osamentas de reses alrededor del pozo KREM-1. Las causas aún no han sido esclarecidas, pero el cambio en esta región de Las Choapas salta a la vista.
13/07/2026 09:08 p.m.
Roberto Morales Ayala
Presencia.MX

El pozo KREM-1 ya no ruge con la violencia de los primeros días, pero sigue lanzando un potente chorro de gas que rompe el silencio de la sierra.

Lo que sí desapareció fue la vida que rodeaba esos potreros.

Donde hace apenas cuatro meses pastaban decenas de reses, hoy no hay un solo animal.

 

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Donde el paisaje serrano lucía cubierto por el verde de los pastizales, ahora predominan laderas color café, árboles sin hojas y potreros completamente secos, a pesar de que el sur de Veracruz atraviesa plena temporada de lluvias.

Y, entre ese paisaje transformado, aparecen dispersas las osamentas de varias reses.

No una.

Varias.

 

PRESENCIA SURESTE recorrió este domingo 12 de julio los caminos de terracería que rodean el pozo KREM-1, escenario de la contingencia petrolera que comenzó el pasado cinco de marzo y que, más de cuatro meses después, continúa modificando la vida de las comunidades asentadas alrededor.

 

Un paisaje completamente distinto

Quien escribe estas líneas recorrió exactamente la misma ruta pocos días después de la explosión.

Entonces el espectáculo era otro. Las enormes llamaradas salían disparadas en varias direcciones. El rugido del pozo era ensordecedor.

Sin embargo, el entorno conservaba la riqueza natural que caracteriza esta región serrana. Los cerros estaban cubiertos de vegetación. Los potreros permanecían verdes.

Muy cerca del pozo podían observarse hatos completos de ganado alimentándose con normalidad.

 

Hoy cuesta reconocer el mismo lugar. Los ranchos parecen abandonados. No hay animales. No hay pasto.

El verde prácticamente desapareció.

Y sobre la tierra reseca permanecen restos de ganado cuya muerte, hasta ahora, nadie ha investigado oficialmente.

"Quería que vieras cómo cambió todo"

 

El guía que acompaña a PRESENCIA SURESTE —quien pidió nuevamente reservar su identidad— resume el motivo por el cual insistió en realizar este recorrido.

—"Quería que vinieras para que compararas. Tú estuviste aquí en los primeros días... Mira ahora cómo se encuentra."

Su voz transmite preocupación.

Pero, sobre todo, incertidumbre.

Porque nadie sabe explicar qué ocurrirá con ese territorio dentro de cinco o diez años.

 

No hay pruebas... pero sí preguntas

Sería irresponsable afirmar que las osamentas encontradas corresponden a animales muertos como consecuencia directa de la contingencia.

No existe, hasta ahora, ningún estudio veterinario que lo demuestre. Pero tampoco existe una investigación oficial que descarte esa posibilidad.

Y las preguntas se acumulan.

En comunidades ubicadas tanto del lado de Constitución, Las Cruces, La Guadalupe, Las Mañanitas y López Rayón, como en la ruta de Nacimiento de Arroyo Grande, Lázaro Cárdenas, Francisco Villa y Río Pedregal, los productores han comenzado a reportar un fenómeno que los mantiene preocupados.

 

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Vacas gestantes que pierden a sus crías antes de concluir el embarazo. Abortos cuya causa nadie ha podido explicar.

Cruz Manueles, dirigente comunitario del ejido Nacimiento de Arroyo Grande, asegura que en esa zona no se ha registrado una mortandad inusual de ganado. Lo que sí han observado son vacas que no logran completar su ciclo reproductivo.

 

"Se han presentado varios casos de vacas malparidas. No sabemos por qué ocurre, pero sospechamos que puede estar relacionado con la contaminación a la que hemos estado expuestos durante todos estos meses."

Hasta ahora ninguna autoridad ha iniciado investigaciones para determinar si existe relación entre esos casos y la contingencia ambiental.

"Los pastizales están completamente quemados"

Lo que sí resulta evidente es el deterioro del entorno.

La comisaria municipal de Las Mañanitas, Nancy Esther González Martínez, asegura que los ganaderos enfrentan un problema inmediato.

"Los pastizales están completamente quemados. Los ganaderos están desesperados porque no saben dónde llevar sus animales; ya no hay pasto."

La funcionaria comunitaria también advierte cambios visibles en la vegetación.

"Los árboles están cambiando de color, las hojas se están cayendo y los pastizales están completamente quemados."

En la congregación de López Rayón, la subagente municipal Silvia Alegría Cabañas añade otro elemento.

 

"Hay enfermedades, dolores de cabeza, dolor de garganta, malestares estomacales... Es lo que siempre hemos venido diciendo."

Mientras tanto, en La Guadalupe, el comisario municipal Emmanuel Castellanos Campos resume el sentimiento que hoy comparten cientos de habitantes.

"Lamentablemente creo que hasta nos estamos acostumbrando. No nos gusta, pero ya no se siente como antes. La verdad ya no es un ambiente favorable."

El tiempo también juega

Hace apenas unos días, Pemex aseguró que la contingencia se encuentra bajo control y que, una vez concluido el cierre definitivo del pozo, comenzarán las labores de remediación ambiental.

Sin embargo, para quienes viven alrededor del KREM-1, el problema ya dejó de medirse únicamente por la altura de la llamarada.

Hoy se mide en pastizales secos. 

En árboles que pierden sus hojas.

En agua que, según los habitantes, deja una película grasosa en los recipientes.

En niños que faltan a la escuela por enfermedades respiratorias.

En vacas que no logran parir.

Hace cuatro meses el protagonista de esta historia era el fuego. Hoy lo es el paisaje que dejó detrás.


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