La vida por los manglares: la defensa de un ejido en Veracruz contra las carboneras ilegales

02/10/2022 05:04 p.m.

A principios de 2019, Daniel Tejeda salió a pescar en el caudaloso río Tonalá, la frontera natural que separa a Veracruz de Tabasco, y cuyas aguas plateadas desembocan en el Golfo de México. El hombre de casi sesenta años apenas había recorrido unos pocos kilómetros río arriba, cuando a la distancia vio a varias personas recostadas sobre ramas de mangles rojos, que crecían en la ribera. La curiosidad le hizo acercarse, pero antes de llegar, desde su pequeña lancha con motor fuera de borda distinguió la forma de armas largas. 


—¿Qué buscas, viejo? —le gritó uno de los hombres a Daniel, que en su lancha se acercaba a la orilla con el motor apagado.


—Nada, solo ando pescando; aquí vivo y siempre viajo en estas aguas —respondió Daniel, tratando de parecer lo más tranquilo posible y midiendo con los ojos la distancia entre el grupo armado y su bote, por si había que huir.


—Lárgate de aquí, esta madera es para las carboneras y no queremos mirones —dijo otro sujeto detrás de los restos de un gran tronco de mangle recién cortado.


A pesar de la experiencia, Daniel y un grupo de 22 personas, todas, pertenecientes al ejido Tonalá, del municipio de Agua Dulce, en el sur de Veracruz, decidieron organizarse para resguardar las extensas áreas de mangle rojo, blanco y negro que crecen a lo largo del río Tonalá frente a la incursión de las carboneras: industrias hiperlocales e ilegales que viven de transformar la madera de mangles, que tardan hasta diez años en alcanzar su madurez, en carbón que termina malbaratándose a diez pesos por kilo.


Así nació la Brigada Rural de Manejo del Fuego y Atención a Contingencias Sanitarias, auspiciada por el programa de Apoyos para el Desarrollo Forestal Sustentable de la Comisión Nacional Forestal (Conafor): un intento desesperado por salvar de la destrucción a la última frontera de manglar veracruzano, que, pese a su riqueza biodiversa, no está considerada como área natural protegida. Lo único que lo protege, entonces, es el trabajo comunitario.


UN ECOSISTEMA EN PELIGRO


Los manglares son el sitio perfecto para la reproducción de crustáceos, peces, moluscos, aves, reptiles, anfibios y mamíferos. También viven en ellos cangrejos, camarones, ostras, cocodrilos, culebras, lagartos, tortugas, monos, lobos marinos, garzas, buitres, gaviotas, gavilanes, lombrices, etc.


Funcionan además como barrera natural contra los efectos de los huracanes y previenen inundaciones; tienen la capacidad de filtrar grandes cantidades de dióxido de carbono que convierten en oxígeno y de limpiar el agua que pudiera llegar contaminada hasta sus raíces. En pocas palabras, los manglares son como los riñones del planeta, pues hacen la labor de un filtro que incluso es capaz de regenerarse, si se le brindan las condiciones adecuadas.


De acuerdo a la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp), Veracruz es el tercer estado más biodiverso del país y en él se localizan seis de las 182 Áreas Naturales Protegidas (ANP) de carácter federal: el Cofre de Perote, el Pico de Orizaba, el Cañón del Rio Blanco, el Sistema Arrecifal Veracruzano, Los Tuxtlas y el Sistema Arrecifal Lobos– Tuxpan.


El manglar veracruzano registrado dentro de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) federales es de solamente 777 hectáreas, mientras que el manglar en ANP estatales es de 1,363 hectáreas. La mayoría del manglar protegido en Veracruz se ubica en sitios Ramsar (24,027 hectáreas).


La Red de Sitios Ramsar ubica aquellos humedales considerados de importancia internacional en el marco de la Convención sobre los Humedales. Para su designación, se verifica el cumplimiento de criterios específicos y del procedimiento que establece la Resolución SAyDS Nº 776/2014.


El nombre Ramsar proviene de la ciudad iraní donde se firmó el tratado internacional en 1971 por parte de la UNESCO. México se adhirió a la Convención Ramsar en 1986, para aceptar compromisos a favor de la defensa de estos ecosistemas.


Estos son los sitios Ramsar de Veracruz:

Manglares y Humedales de la Laguna de Sontecomapan, Catemaco

Humedales de la Laguna La Popotera, municipio de Lerdo de Tejada

Sistema Lagunar de Alvarado, Municipios de Alvarado, Tlacotalpan, Acula, Ixmatlahuacan, Ignacio de la Llave y Tlalixcoyan.

Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano, Veracruz

Sistema de Lagunas Interdunarias de la ciudad de Veracruz.

La Mancha y el Llano, municipio de Actopan.

Cascadas de Texolo y su entorno, municipios de Xico y Teocelo.

Laguna de Tamiahua, Municipio de Tamiahua.

Manglares y humedales de Tuxpan, municipio de Tuxpan.


INVERSIÓN INEQUITATIVA


De hecho, Veracruz es el cuarto estado de la costa del Golfo de México y el Caribe con la mayor cantidad de hectáreas de manglar protegido con 25,404 hectáreas, solo detrás de Campeche (180,162), Quintana Roo (103,796) y Yucatán (86,195); y está por encima de Tabasco (9,863).


Sin embargo, los recursos destinados a preservar el manglar en México son disparejos. De acuerdo con lo que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) respondió a la solicitud de información pública 330008321000053, de 2008 a 2021 se han realizado 99 “acciones de restauración de manglar en la Regional Planicie Costera y Golfo de México a través del Programa de Conservación para el Desarrollo Sostenible y el Programa de Empleo Temporal”.


De esas acciones, 34 de los 37 proyectos realizados en Tabasco, fueron específicamente el área denominada como ‘Los Pantanos de Centla’ con una inversión total de 8 millones 823 mil 519 pesos. La ‘Laguna de Términos’ ubicada en el estado de Campeche se benefició con 19 acciones y una inversión de 1, 373,695 pesos. La región de los ejidos Tres Reyes y X-Hazil Sur del municipio de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, ha sido beneficiada con 14 proyectos por un monto de 6, 103,675 pesos. Y en Veracruz, el único sitio beneficiado fue el ‘Sistema Arrecifal Veracruzano’, en el municipio de Tecolutla, que recibió un proyecto por un monto de 150 mil pesos para labores de limpieza de 25 hectáreas de manglares. 


Aunque el manglar ubicado en la ribera de Tonalá, frente a Tabasco, es casi tan grande como el de Los Tuxtlas, no cuenta con ninguna protección oficial. Y menos aún con una declaratoria de sitio Ramsar.


INVASIÓN Y DEVASTACIÓN


En menos de una década el manglar de Tonalá pasó de tener 580 hectáreas a perder más de 200, de acuerdo con el “Estudio de caracterización de la vegetación riparia del río Tonalá y la restauración de hábitat críticos de ecosistemas riparios”, elaborado por investigadores del Instituto Tecnológico Superior de La Venta, Tabasco, en colaboración con la dirección de Ecología y Medio Ambiente Municipal de Agua Dulce, a cargo del ecólogo José Oliveros González Torres. Debido al daño ocasionado, actualmente la Comisión Nacional Forestal (Conafor) solo reconoce 380 hectáreas de manglar en este lugar.


En cambio, los manglares han crecido del lado de Tabasco, advirtió el estudio. ¿La razón? Pobladores de Tabasco diariamente cruzan el río Tonalá para talar los árboles de mangle del lado veracruzano, transformarlo en carbón y venderlo. 


En Tabasco hay carboneras que operan de forma legal y por medio de programas sustentables (Proyecto Izamar Zapata Ovando en Paraíso o Carbonera ‘El Mangle Rojo’ en Comalcalco). Pero también existen en la zona de Huimanguillo cuando menos dos carboneras que captan madera cortada de forma clandestina en suelo veracruzano, específicamente de Tonalá.


Así se pudo constatar en un recorrido realizado a mediados de este mes de julio junto a la Brigada Rural de Manejo del Fuego y Atención a Contingencias Sanitarias, auspiciada por el programa de Apoyos para el Desarrollo Forestal Sustentable de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), un organismo público descentralizado de la SEMARNAT.


Los integrantes de la brigada, en su mayoría hombres de más de cincuenta años de edad, aseguran que en pocas horas los taladores pueden llevarse una tonelada de madera por cada embarcación, siendo en recorridos anteriores que se han detectado hasta tres o cuatro lanchas viajando juntas con taladores armados.


Los leñadores utilizan motosierras y cortan el mangle desde la base, impidiendo que este pueda recuperarse naturalmente, pues la flor que es la que lleva la semilla, termina sepultada entre los troncos o en el fondo del afluente.


LAS CARBONERAS DE MANGLE


La madera del mangle tiene distintos usos, desde la elaboración de postes para el cercado de ranchos y terrenos, la construcción de viviendas o palapas, hasta su venta como varas para tensar lazos para tender ropa.


También los pescadores han contribuido a la deforestación de los manglares, pues cortan fragmentos considerables desde la raíz hasta la punta, agregando peso que hace la función de ancla, para que se mantengan en la misma posición sobre el río.


Tras un determinado tiempo, colocan redes alrededor del mangle flotante y proceden a la captura de distintas especies que llegan a comer o reproducirse, posteriormente se retiran y el trozo de manglar flota a la deriva hasta llegar al mar sin opciones de salvarse.


Pero el uso que más recursos consume es su conversión a carbón, una práctica antigua que ha evolucionado lejos de la sostenibilidad, pues ante el aumento de la demanda del producto, ha proliferado su comercialización ilegal.


Para la creación de carbón vegetal de mangle, existe un proceso bastante complejo que ha ido evolucionando en las carboneras legales que hay en Tabasco y Yucatán; el cual consiste en seleccionar la madera que es introducida en un horno de barro con forma de bóveda, el cual es sellado con ladrillos y cemento, antes de que se introduzca el fuego, en tanto que el humo sale por pequeños orificios en las paredes hasta que está listo, para su selección, empaquetado y distribución.


El carbón se crea al exponer la madera (de mezquite, roble, nogal, cerezo y en este caso de mangle) a temperaturas que oscilan entre los 400 y 700 grados centígrados, en ausencia de aire, en un mínimo de oxígeno para eliminar toda el agua y los componentes volátiles.


Pero la fabricación del carbón clandestino es mucho más rudimentaria, pues se construyen grandes huecos rectangulares en el suelo, donde se coloca la madera acomodada, misma que es tapada por ramas y láminas para procurar la mayor ausencia de oxígeno, similar a la preparación de una barbacoa tradicional en horno de tierra.


En el recorrido más reciente, en un claro ubicado a menos de 500 metros de los límites del ejido, en la zona conocida como ‘la panga vieja’, se observaron ramas de mangle y otros árboles cuyas hojas estaban secas por la exposición prolongada al humo, lo que hace suponer a los brigadistas que en el sitio operó una carbonera ilegal; se descarta un incendio forestal, porque la zona afectada está muy delimitada.


EL CAMINO A LA

SUSTENTABILIDAD


Rolando es un trabajador de una compañía contratada por Pemex para trabajos específicos en los campos petroleros que hay en Tabasco y el sureste veracruzano, a la semana realiza múltiples viajes entre ambas entidades y es fanático de las carnes asadas.


Considera que el carbón de mangle es de mejor calidad en comparación al que se vende en las tiendas de conveniencia o en supermercados, además de que es mucho más barato y le imprime a la comida un sabor característico e inconfundible.


Hasta finales de julio, el carbón vegetal marca Aurrera (mezquite) en bolsas de 2.5 kilogramos se vendía en 59 pesos, el marca Caporal (encino) de 3 kilos que se vende en Oxxo ronda los 56 pesos y el Kingsford (Nogal) de 7.26 kilos se encuentra en 315 pesos por bolsa.


En tanto que la costalilla con 20 kilos de carbón de mangle se puede comprar por solo 200 pesos en la carretera Paraíso-Comalcalco-Cárdenas o en la que va de La Venta hacia villa Benito Juárez o en cualquier otra carretera estatal.


En muchas ocasiones el carbón regresa a Veracruz o viaja hacia otros estados del sur y del centro del país, pasando por retenes y puntos de inspección fitozoosanitaria, donde se tendría que decomisar para inhibir su comercialización. Pero el carbón pasa sin problemas ante los ojos de las autoridades que actualmente están más preocupadas por detectar personas migrantes en tránsito que por hacer valer otras leyes, como las ambientales.


En Agua Dulce, en algunas tienditas ‘de la esquina’ en colonias populares, el carbón de mangle se vende hasta en 35 pesos el kilogramo. La mayoría de quienes lo consumen por barato, desconocen que estos recursos provienen de la destrucción del ecosistema de su propio municipio con un costo incalculable.


LA BRIGADA DEL MANGLAR


Máximo del Valle Orocio, presidente de la Brigada de Servicios Ambientales de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) nos recibió en el campamento ubicado a orillas del río Tonalá que comparte el nombre con el pueblo de pescadores que se enclava en este rincón veracruzano. Lo acompaña una docena de brigadistas, hombres y mujeres ejidatarios preocupados por preservar el manglar.


Los trabajos operativos son realizados por hombres de entre 50 y 70 años de edad, provistos de la dureza que da una vida cerca de la naturaleza: una mezcla de conocimiento y experiencia con un infinito amor por su tierra.


“Si nadie hace nada por proteger el mangle, en diez años lo habremos perdido todo en el lado veracruzano del río Tonalá”, suelta Máximo con voz grave y pausada, con la seriedad que lo caracteriza, con un toque de solemnidad.


Este grupo llegó a estar conformado hasta por 73 ejidatarios que buscó adherirse al programa de “Apoyos para el Desarrollo Forestal Sustentable” de la Comisión Nacional Forestal. De acuerdo con las reglas de operación 2022, la Conafor ofrece el equivalente a 6.37 salarios mínimos (172.87) por hectárea al año. Pero en el 2019 el proyecto del ejido Tonalá fue rechazado y en el 2020 la Conafor lo aceptó, pero sin otorgarles recursos, hasta que cumplieran con ciertos lineamientos en los que tuvieron que trabajar el año siguiente.


En este 2022, cuando ya quedaban solamente 23 integrantes, por fin llegaron los recursos.  La zona que los brigadistas van a proteger y reforestar cuenta con 380 hectáreas reconocidas por la dependencia, para un apoyo de 418,449.12 pesos. Cuando menos la mitad del recurso ha sido empleado en comprar una lancha y un motor fuera de borda —usado—, equipar a los brigadistas con botas, uniformes —cascos y casacas amarillas— y herramientas para el combate de incendios forestales, además de cubrir los recorridos de vigilancia, que tienen que ser cuando menos diez viajes documentados al mes; cada viaje cuesta alrededor de 1,400 pesos, pues mientras no finalicen los trámites ante la capitanía de puerto, tienen que rentar una embarcación y pagarle al operador.


LA VIDA POR LOS MANGLARES


Los brigadistas, durante la entrevista, definen que su labor va más allá de la reforestación o conservación del hábitat, pues en ella también va la vida: no omiten el riesgo de toparse y enfrentarse en desigualdad de condiciones con grupos armados de leñadores. Sin embargo, afirman que no tienen miedo y que están conscientes del riesgo, pues su amor por la tierra que habitaron sus padres y que ahora también es el hogar de sus hijos es más grande. 


—Es mejor morir de pie que vivir agachado —exclama don Daniel en una referencia a la famosa frase atribuida a Emiliano Zapata.


El grupo también criticó a las autoridades e instituciones de seguridad federales, pues consideran que aplican la ley contra la clase trabajadora y actúan con tibieza con aquellos que explotan el medio ambiente sin temor a las consecuencias. “Si (la Secretaría de Marina) nos encuentran con un machete, nos cuestionan, nos intimidan, nos tratan como delincuentes y nos acusan de destruir el manglar, ah, pero si traen motosierra no dicen nada, que causalidad que nunca se topan con los leñadores”, opinó otro de los brigadistas entrevistado.


Durante el recorrido realizado por PRESENCIA pudimos comprobar que grandes extensiones de manglar se encuentran destruidas. La huella de la explotación forestal es obvia, pero poco previsible: los leñadores que ingresan comienzan a cortar ‘de adentro hacia afuera’, de modo que cuando las autoridades o la población se percatan, el área se encuentra devastada.


Similar al ataque de un nido de hormigas arrieras contra un árbol, los taladores clandestinos no tienen piedad para lograr su objetivo. Desde las aguas bravas del río Tonalá se observan las marcas, botes de plástico de colores llamativos, trozos de ropa vieja o pedazos de chalecos salvavidas, que han sido colocadas por los leñadores para señalar sus puntos de ingreso a espesas áreas de mangle.


Los brigadistas toman evidencia fotográfica y georreferencian el sitio, con la esperanza de tener el respaldo de las autoridades correspondientes, principalmente la Secretaría de Marina Armada de México, la cual solamente llega en temporada de veda para sorprender a unos cuantos pescadores que utilizan redes fuera de la norma.


La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) no cuenta con suficiente personal para darle la debida cobertura a todas las regiones de país, por lo cual mediante algunos de sus organismos descentralizados como la Conafor, ha apostado por apoyar a grupos de conservacionistas para que hagan el trabajo difícil y peligroso.


Por ese motivo, con la evidencia recabada en los últimos meses, esperan tener mayor respaldo de las corporaciones castrenses, federales y estatales.


Sin embargo, las esperanzas también se desvanecen. Una de las últimas detenciones documentadas de personas que violentaban la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-SEMARNAT-2001), específicamente por la explotación de manglares, data del 2014 en la isla Holbox, en el municipio de Lázaro Cárdenas, Quintana Roo. Desde entonces —ocho años después— no hay registros de alguna otra detención importante por parte de las autoridades ambientales.


VIVIR EN ARMONÍA


Entre tantos aspectos negativos que enfrentan diariamente, el grupo de ejidatarios anunció con mucha alegría que en sus recorridos lograron detectar una especie de mangle que se consideraba extinta en esta región del país: el mangle ‘botoncillo’, una de las cuatro especies (rojo, blanco y negro) que se pueden hallar en México.


La ubicación de esta especie ha sido resguardada con la finalidad de recolectar semillas, trasladarlas al campamento donde se está edificando un vivero y proceder a su reforestación en las zonas devastadas.


Aunque el cielo replica el tono de las aguas grises del río Tonalá, la resolana quema durante el verano veracruzano. Los árboles de mangle forman una sombrilla natural bajo la cual nos resguardamos. No hay nerviosismo al hablar: más bien, hay muchas ganas de contar su historia. Uno a uno, los integrantes de la Brigada exponen sus motivaciones, sus acciones de protección, sus miedos, pero también sus propósitos: creen que es posible aprovechar el lugar conservándolo, sin destruirlo.


Además de inhibir la tala clandestina y reforestar las áreas vulnerables, la brigada contempla a mediano plazo el desarrollo de un programa sostenible —con permiso de la Conafor—, para explotar la región desde la perspectiva turística y educativa.


“La idea sería realizar paseos guiados y otras actividades acuáticas en los manglares o el río, que además de concienciar a la población y educar a los niños o jóvenes sobre la importancia de conservar los manglares, se generarían recursos para fomentar más actividades de conservación”, estimó Evelio Robles, veterinario que se ha sumado a las tareas de vigilancia y protección.


Incluso, una vez recuperadas las hectáreas perdidas en los últimos años, se podría fomentar el aprovechamiento de la madera de forma controlada, en un ciclo que permita su explotación dentro de la sustentabilidad.


Para ello el grupo tendrá que trabajar y generar resultados, con la finalidad de conservar los recursos del programa federal y los permisos que se derivan. Es decir, que la suerte de este importante ecosistema depende no de las autoridades sino de las personas preocupadas por el lugar que habitan.


Los brigadistas no escatiman en esfuerzos. Sonríen ante los brotes de manglares que han sembrado en un área rasa junto al río, donde en la arena se observan los agujeros donde se esconden cangrejos. Por eso, por primera vez celebraron el 26 de julio, el Día Internacional de la Protección del Ecosistema de Manglar. Porque desean recuperar lo perdido, proteger lo existente y enseñarles a las nuevas generaciones el camino de la sustentabilidad en el aprovechamiento de los recursos naturales. La tarea es complicada, pero esta comunidad la abraza como las raíces de mangle abrazan el lecho del Tonalá.


[ CRÉDITOS ]

​TEXTO Y FOTOS: ALFREDO SANTIAGO H.

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